NO es frecuente encontrar en nuestra prensa escrita o digital una foto como la que han protagonizado recientemente el presidente de la Junta, el alcalde y el consejero de Turismo entrelazando sus manos y muy sonrientes después de la firma de un Plan de Turismo para Málaga, que prevé una inversión de 22,1 millones de euros (3.677 millones de las antiguas pesetas).
Bienvenida sea esta lluvia de millones, todos los malagueños esperamos que la correcta y eficaz gestión de José Asenjo (cualquier empresario se daría hoy de bofetadas por manejar semejante suma) culmine los proyectos que en dicho plan se han anunciado.
He sido compañero de escaños de José Antonio Griñán en el Congreso y Luciano Alonso en el Senado, aunque en la bancada de la oposición y defendiendo proyectos políticos diferentes. Somos, pues, de la misma generación política y estoy seguro de que los años nos han proporcionado una visión de la realidad más próxima, reposada y realista. Desde esa coincidencia, desearía hacerles algunas consideraciones sobre el plan que acaban de presentar.
Es una realidad constatable y desde luego nada exagerada afirmar que Málaga y su Costa del Sol son una marca turística mundial de primer orden y que especialmente en Europa “entusiasma” la idea de disfrutar de nuestro clima, playas, campos de golf, pescaítos, chiringuitos etcétera, etcétera. Contamos, pues, con una “industria” de enorme relevancia para nuestra economía y para nuestro desarrollo social y cultural, que en definitiva es lo que el turismo nos aporta.
Dicho esto y desde la perspectiva de ser un usuario más de los servicios que nos presta nuestra infraestructura turística no deja de sorprenderme el espíritu de autocomplacencia y de desbordante optimismo que se manifiesta en la presentación del susodicho Plan. Un mínimo espíritu de autocrítica debería llevar a reconocer a nuestras autoridades que lo que los ciudadanos de a pie detectan está lejos de esa satisfacción que deseaban transmitir en la foto.
Sirva para ello algunos ejemplos. Nuestras playas malagueñas adolecen de dos graves e importantes defectos: una arena (por llamarla de alguna forma) de pésima calidad en relación con el litoral de levante, gaditano o de nuestros vecinos norteafricanos y lo que es peor aún unas aguas que, cuando el levante sopla, se cubren de natas, plumas, plásticos y otros elementos muy dañinos para la vista y salud de los bañistas. Si no se quiere ver esa realidad seguiremos engañándonos un año tras otro mientras el saneamiento integral de la Costa espera más y más planes.
Los Baños del Carmen es un ejemplo más de la inoperancia político-administrativa. Un rincón que envidiarían en ciudades turísticas italianas, griegas o francesas y que podría convertirse en un romántico balneario, restaurante, mirador… en lugar de un edificio y un entorno viejo, destartalado, abandonado y que solo el espíritu patriótico local y el ferviente malagueñismo de unos pocos tratan de conservar. Los ciudadanos malagueños y nuestros visitantes agradecerían un apretón de manos para sacar adelante un proyecto de reforma de este emblemático rincón de Málaga.
Nadie ha podido entender que en tiempos de una grave crisis como la actual, se haya levantado tanta polvareda con la absurda polémica sobre los chiringuitos. Se ha perdido una vez más, tiempo, voluntad e imaginación para reordenar y embellecer los chiringuitos que nos alegran diariamente la vida durante el verano, especialmente los que abarcan el litoral oriental desde las playas de la Malagueta hasta El Palo. Hay que reconocer que algunos de ellos no están a la altura de la calidad y presentación que exigiría una buena oferta turística.
Ni que decir tiene que es un sinsentido la posición de la Junta en relación con la construcción de nuevos puertos deportivos. Detrás de un puerto deportivo se genera mucha riqueza (ejemplos hay en nuestra Costa), los puertos son un polo de atracción de muchas actividades no solo náuticas. No son sólo un “garaje de barcos”.
Todo a su alrededor se convierte en un lugar de ocio, comercio o de servicios ligados a la hostelería. Expertos en esta materia afirman que un atraque genera hasta doce puestos de trabajo. El alcalde hace muy bien en solicitar la atención de la Junta para “cooperar” en este caso con el Ayuntamiento desde la lealtad institucional, aunque me temo que la Junta hasta ahora se ha caracterizado por no tener criterios a seguir en una materia tan relevante como es ésta para nuestro desarrollo turístico.
Finalmente nuestra “vocación mediterránea” se ha de manifestar en la proyección de nuestra cultura andaluza y malagueña hacia los países del espacio euro mediterráneo. Creo que estamos excesivamente encerrados en resaltar nuestra identificación picassiana, olvidando ser polo de atracción de otras culturas mediterráneas de nuestro entorno.
Sería muy de agradecer para ello, la colaboración entre nuestras autoridades autonómicas y locales para la organización de destacadas manifestaciones culturales como pueden ser los grandes eventos musicales, deportivos, literarios, pictóricos etcétera. Con ello conseguiríamos dar un “meneo” al enriquecedor capital malagueño en este ámbito al mismo tiempo que una seña de identidad que nos haría más competitivos frente a otras capitales mediterráneas de nuestro entorno europeo y africano.
Fuente/malagahoy.es/